viernes, 31 de mayo de 2019

ANA OXA / DONNA CON TE

DESALMADOS PÁJAROS SIN ALAS

DESALMADOS PÁJAROS SIN ALAS


En estos tiempos que corren, las noticias no son buenas;
un día sí y otro también, nos presentan sucesos inquietantes.
Un hombre mata a un perro con un disparo de escopeta;
una mujer empuja a un anciano fuera de un autobús y,
poco después, el anciano muere;
un joven le clava más de veinte veces su navaja
a una menor de edad con la que mantenía relaciones contradictorias;
una playa, en algún lugar del mundo, se tiñe de rojo
por la sangre de ballena vertida tras ser cazada y desangrada.

En estos tiempos que corren -y cito de memoria-,
las noticias no son buenas; la prensa escrita y los móviles
nos informan a todas horas de sucesos inquietantes.
Llegan a Mallorca, en un 737 de Ryanair,
alemanes neo nazis alterando el vuelo con sus canciones,
saludos, gritos y consignas;
una mujer joven, madre de dos hijos, se suicida
cuando muchas personas, incluido su marido, ven imágenes
de ella masturbándose cinco años atrás;
una niña pequeña (y su flotador) es adentrada en el mar
por una corriente o un viento y al final se ahoga;
otra niña de cinco años muere en el comedor del colegio,
indispuesta al enfrentar su alergia con un helado.

En estos tiempos que corren, cada día el mal se supera a sí mismo.
Constantemente desaparecen adolescentes;
un hijo estrangula a una madre que no reconocía y huye
a Bélgica con su novia y una tarjeta de crédito virtual;
un marroquí apuñala a otro marroquí frente a su mezquita,
han discutido por un móvil robado;
una anciana, a la vuelta de un viaje, se encuentra su casa okupada,
la policía no puede devolvérsela y la justicia es lenta.

En estos tiempos que corren, una avalancha de noticias
viene hasta nosotros cada día con su aparente falta de unidad
y sus relaciones ocultas.
Cada noche salen en Palma ciertas figuras criminales:
un pirómano que desde hace meses y con total impunidad
quema contenedores de basura, un encapuchado
que recorre las calles en bicicleta, un negro gigante;
una mujer resulta decapitada al engancharse los cables
de sus auriculares con alguna parte de un ascensor en marcha;
los infartos cerebrales existen, igual que los cánceres incurables,
pero igual se puede morir de un simple atragantarse
con un sorbo de agua, un bocado de pan, un grano de uva;
de vez en cuando, explota una bomba.

En estos tiempos que corren, y barajando estos acontecimientos,
se deduce que proliferan los delincuentes menores y mayores,
los forajidos, los ladrones, los violentos...
Pero lo peor es lo que le pasa a uno en su intimidad,
lo que no es noticia, donde están los verdaderos criminales.
La voz al otro lado del teléfono, hablando en nombre
de la Compañía de Seguros; el reguero de mierda líquida
que una vecina ha vertido a lo largo de la escalera;
el fontanero que no responde, que impone sus horarios,
que cobra en negro y que, siendo fiel a sus chapuzas,
abandona el trabajo sin acabarlo; la encargada de la limpieza
mintiendo sobre los días que limpia.

Desde el otoño del año pasado, la mendiga que empujaba
sus pertenencias de un lugar a otro no se ha movido,
instalada permanentemente de espaldas a un hostal abandonado
frente a la Plaza de las Columnas, parece intocable,
nadie la sacará de allí hasta que sea un cadáver.

En Australia es necesario exterminar dos millones de gatos;
y en algún país africano se autoriza de nuevo, mediante ley,
la caza del elefante; en cualquier lugar se asesina a una mujer
por el menoscabo de la masculinidad;
pero la muerte es femenina y canta su canción.

Se aproxima el momento del equilibrio y la paciencia.
Las noticias deben evaluarse según su afinidad con la verdad
o la mentira. Entre tantos desalmados pájaros sin alas,
yo me debo a mis principios.


Salvador Alís.












lunes, 20 de mayo de 2019

ANA MENA / NO SOY COMO TÚ CREES

BALANCE / SEGUNDA PARTE

BALANCE / SEGUNDA PARTE


El viaje por la vida, por la realidad en el espacio y el tiempo, y más cuando ese viaje requiere una investigación, un análisis centrado en el alguna de sus etapas, puede hacerse de lo particular a lo general o de lo general a lo particular, tanto da..., como si nos desplazáramos del frigorífico al supermercado y del supermercado al frigorífico. Según nuestras preferencias, nuestro presupuesto y la capacidad de nuestro frigorífico (lo particular), haremos la compra en el supermercado (lo general). Según el abastecimiento del supermercado, cumpliremos nuestros deseos y nos alimentaremos.

Se puede ir del individuo a la sociedad (con sus leyes generales), o de la sociedad al individuo (con su propia ley e incluso sin leyes).

Lo general sería esto: En Malasia, algunos personajes públicos y significativos, quizá un miembro del gobierno, un abogado, un psicólogo, la propia policía o los jueces, están preocupados por la salud mental de los malayos. El motivo tiene que ver con la siguiente historia particular: Una adolescente de 16 años somete a consulta en Instagram si debe elegir entre la D -death- o la L -life-; es decir, si debe suicidarse o no. La opinión de sus seguidores cuenta. Esta noticia es copia de otra publicada por infobae, según la cual la adolescente saltó de un edificio cuando el 69 % de los encuestados respondió afirmativamente a la cuestión planteada.

Si la edad de la vida fuera una simple línea recta, partiendo de no se sabe dónde para llegar a un lugar que se ignora, esa línea podría curvarse o fragmentarse, ser espiral o cielo estrellado, sin dejar de ser línea.

En el caso que nos ocupa, mejor sustituir la línea por el triángulo: edad cronológica, biológica y mental. En muchos lugares del mundo, la edad mental vence en importancia a las otras edades. Hay aldeas de sabiduría y ciudades y países enteros infantilizados porque los ritos, la filosofía y la creación han sido sustituidos por el juego pasivo.

Tres jóvenes de unos 30 años, con el aspecto que yo tenía a su edad -cuando a mi edad yo estaba inmerso en el verdadero juego de la vida-, se cruzan conmigo en la noche, caminando en fila india por una acera gris. Hablan de tres dragones de un vídeo juego que, no siendo irreal (pues ellos lo ven y lo viven), tampoco es real, siendo por tanto el resultado de una estrategia mental. No debería ser necesario decir que las mentes se manipulan y que la edad mental puede ser acelerada, retrasada o contenida según convenga a cada momento.

Si definir mi edad cronológica es fácil, y algo más complicado definir mi edad biológica, dilucidar cuál sea mi edad mental es imposible. ¿Tengo todavía la mente de aquel niño menor de 5 años que prendió fuego a las cortinas de la habitación de sus padres, una tarde de verano, con un mechero de gasolina? ¿Tengo la mente decidida del novio que desafía a la novia regalando un paquete de Camel a un desconocido en el borde de una piscina? ¿La mente del exiliado en las islas, permanentemente huyendo por temor a su herencia? ¿La mente del pintor que ve colores donde otros ven sombras, el día frente a la noche? ¿La mente del lector que lee entre líneas, la del escritor que no somete a revisión sus palabras? ¿Acaso tendré yo una edad mental que no se corresponda con mi edad?

Siempre he sido un rebelde, dice el viejo recordando al niño que fue. Bastaba con que me dieran una orden para que yo la desobedeciera. Las frases hechas (de las que a veces se usa y se abusa por elección) son órdenes no escuchadas. Ni al niño, ni al joven, ni al adulto ni al viejo, les gustan las ideas preconcebidas. Una orden no es más que la repetición de un esquema ya existente, en modo alguno una creación, la posibilidad de algo nuevo, una puerta abierta.

Con órdenes y leyes se controla la edad mental. Y sobre todo con la información diseñada para viajar por el mundo a la velocidad de la luz. Las órdenes y las leyes se expresan mediante frases hechas.

Existe en Malasia (o pudiera existir) una preocupación motivada por el gesto de una adolescente que se ha suicidado tras someter a consulta tal decisión. De un tiempo a esta parte, y esto parece preocupar menos, se suicidan peces y pájaros, las abejas desaparecen y se multiplican las moscas. Entre las especies amenazadas se encuentran los felinos -el rey león, el tigre místico, el gato montés-, algunos cornudos ciervos y el rinoceronte, los elefantes que nunca acudieron al dentista, el oso cegado por la nieve y añorando el hielo que se funde, los gatos en Australia, manadas de monos que a nuestro pesar (con excepciones) ya saben hablar, desde luego expresar emociones, hacer cálculos y observar con interés todo lo que sucede a su alrededor. Preocupa menos que grupos de delfines aparezcan muertos en las playas.

Una especie en extinción debería aferrarse a la vida sin temor a los cazadores, los que usan el fuego y el veneno, haciendo lo que fuera necesario para vivir.

Cuando la edad mental importa, Malasia se preocupa; en otros países suceden otras cosas: uno libera la venta de armas para dejar la vida de cada uno en sus manos, otro se muere de hambre y de sed, otro adquiere submarinos usados, otro dice ser "el pueblo elegido", otro presenta el síndrome del caracol que se mueve con lentitud y se esconde en su caparazón o caracola.

Los medios de comunicación publican cuentos para niños. Dicen que con la colaboración de la guardia civil española se ha detenido en Francia a un histórico de la ETA, un peligroso terrorista, un asesino prófugo de la justicia desde hace muchos años. Se escondía en una cabaña en el bosque, y daba largas caminatas siempre portando su mochila de supervivencia. Hasta aquí lo particular. En realidad, el futuro gobierno de España es cuestionado por las acusaciones de colaboración con el terrorismo. Nada más conveniente entonces que esta detención. ¿De verdad nadie conocía el paradero del vasco? ¿Las casualidades existen o no existen? Cuando conviene se encuentra a cualquiera, se le convence o se le anula. Un individuo solo nada puede ante los confabulados.

De lo particular a lo general, del cuerpo a las almas. No soy como tú crees. Por no alcanzar mi edad mental, te resulta imposible manipularla. O la aceptas o la rechazas. Seguirá una tercera parte.


Salvador Alís.












martes, 14 de mayo de 2019

"EL CHALO" Y "EL LIROLA" / ENTRE DOS AGUAS

BALANCE / PRIMERA PARTE

BALANCE / PRIMERA PARTE


Veo en un documental sobre el envejecimiento que no siempre la edad cronológica coincide con la biológica, y que esa diferencia en la contabilidad vital puede detectarse mediante un análisis de sangre específico. Me pregunto a cuánto tiempo de verdadera vida corresponderán mis 63 años y 5 meses, en más o en menos. El documental se centra en una investigación sobre gemelos; al constatar las variaciones entre ellos, se llega a la conclusión de que la genética no importa tanto como los hábitos de vida. La alimentación, la actividad física y el estrés son determinantes frente a la herencia. No tengo un gemelo, así que no puedo compararme con él, pero la visión del documental me sirve de excusa para pensar en mí mismo, en mi genética y en mis hábitos. Si vemos en primer lugar mi rostro se comprobará que apenas presenta arrugas; y si descartamos las ojeras, hasta se diría que se trata del rostro de una persona más joven que yo. Las ojeras, y tal vez el bigote que lentamente se va volviendo blanco, son los elementos principales que envejecen mi rostro. También la paulatina caída de los párpados. En apariencia, si descartamos la cabeza, mi cuerpo no tiene más de 50 años, lo que incumbe al esqueleto, los músculos y la piel. De los órganos internos es muy difícil saber su edad. No hay análisis que certifique que mi corazón, mis pulmones, mi hígado son mayores o más jóvenes que yo mismo. Y qué decir de la sangre, los nervios, las neuronas. Las ojeras se deben principalmente a las muchas lecturas y los pocos cuidados. Mi madre nunca me advirtió de este peligro, nunca me dijo que leer tanto me quemaría los ojos. Lo que me dijo fue que las lecturas a todas horas me volverían loco. Eso pasó antes de que la nueva psiquiatría cerrara los manicomios y pusiera en cuestión la locura tal como hasta entonces se concebía. No creo haber acabado loco, pero ahí están las ojeras.

Los gatos, en general, presentan un aspecto siempre más joven en relación a su edad. En su caso, el envejecimiento ocurre tarde, en los últimos momentos; y cuando se detecta es una sorpresa que nos halla desprevenidos. En los últimos meses, Lolita ha conseguido igualar su edad cronológica y su edad biológica. 15 años, para una gata blanca común, equivalen a toda una vida. Sombrita, siendo una excepción, tiene la edad que representa. La que parece menor y no lo es, la que por sus hábitos descuenta más tiempo a su cumpleaños, es Nube, y a esta percepción ayudan sus ojos azules, su blancura y su fragilidad. Decir de un gato que es frágil supone incurrir en una contradicción. Pero las discrepancias en torno a la edad se apoyan en contradicciones y paradojas; no solo por lo que respecta a los animales (los árboles, las casas, las obras de arte, los parajes naturales), sino también y sobre todo en relación a las personas que conviven con esos animales (que habitan esas casas, que escriben, que dibujan, que se pierden en el bosque). Pero yo jamás me he perdido, jamás he dudado de mi edad. Otros, para reconocerse, tienen que mirarse a un espejo; yo me veo en las líneas que van surgiendo, en las palabras y sus significados.

Mi estrés se asemeja a un caballo, ahora camina elegantemente al paso, ahora enloquece y corre como si le hubieran prendido fuego a la cola. No obstante, a horcajadas sobre él y sujetando las riendas, creo dominarlo por el momento. El paseo a caballo no es propiamente un ejercicio, es un sueño. Ando al menos diez kilómetros diarios -el día que menos ando- y hasta veinte en ocasiones, como si tal cosa. Otros deportes no practico ni he practicado. Peso 67,5 kilos, lo que no está mal en relación a mi estatura. Me alimento siguiendo un método imaginado por mí: una cafetera para cuatro; un plato único que combina 200 g de legumbres (o arroz o pasta), 200 de verduras variadas, 200 de carne blanca y a veces roja, y otros 200 en forma de ajos, guindillas, aceite de oliva, copos de avena, semillas de lino y frutos secos; un segundo café; una merienda dividida en tres partes (un bocadillo, una fruta, unas galletas de algas); un litro de agua complementado con leche de soja, yogur, kéfir, una sopa; una cena siempre a base de pescado, crudo o asado, pan y verduras. Alguna vez, una porción de chocolate. En mi cocina no faltan las especias ni los aditivos: el curry, el jengibre, el azafrán, el laurel, el romero, el tomillo, el orégano, la albahaca, la hierba buena, la canela, el comino, el enebro, el clavo, la menta, el cardamomo, el pimentón, la mostaza, la vainilla, el cilantro, el anís estrellado y la pimienta en todos sus colores. Las repeticiones y los olvidos forman parte de mis hábitos.

Si mi edad biológica depende pues de estos hábitos, estos paseos a pie o a caballo y estos sueños, la ganancia sobre la cronología está garantizada. Pero hay otros hábitos, otras costumbres que desequilibran el equilibrio: las botellas de vino, los cigarrillos, las horas que no duermo, los párrafos que escribo. Juro que sujeto las copas de vino como si no tuviera más de treinta, que aún fumo con la ansiedad de un adolescente, que cada noche (cuando la noche se acaba) pienso lo mismo: mejor dormir cinco horas que nada. Y escribo porque escribir es vivir; y esta música que acompaña a los textos es vida que comprende y adelanta a la vida. En cuanto a mi forma física, dejando a un lado las consabidas amenazas sobre mi edad, de ninguna manera tengo los años que indica el calendario.

Que nuestra edad biológica se resista a alcanzarnos no es motivo de orgullo, es una simple evidencia, lo mismo que al contrario. Pero se trata de evidencias temporales. Si nuestras dos edades no se encontraran jamás, sin duda seríamos inmortales. Lo cierto es que tanto la edad biológica como la cronológica tienen sus límites. Llegado su final, con independencia de su acuerdo o desacuerdo, la muerte aparece y toma el control.


Salvador Alís.