EN EL BARCO
En una caseta de plástico y de metal, poco antes de medianoche,
esperan las jaulas.
A los pasajeros que viajan con animales
se les entrega una llave.
Mientras se abandona el puerto, dos galgos unidos a su dueño
con finas correas también esperan.
No hace demasiado frío en la cubierta, pero la hembra,
de color gris plateado, viste un jersey de lana.
Por su tamaño se diría que es la madre.
El hijo, marrón claro, está desnudo.
Le falta una pata, la derecha trasera, en toda su longitud.
El barco parece deslizarse sobre el agua
como afilado cuchillo sobre una pista de hielo.
La amputación no es reciente, no hay cicatrices visibles.
El pequeño galgo trata de mantenerse en pie,
no siempre lo consigue,
de tanto en tanto se derrumba y luego se levanta.
Los ojos de su madre miran con una tristeza sin consuelo.
Con el amanecer, llegando a otro puerto,
las jaulas se abren.
La madre sale en primer lugar. Después el hijo. Después el sol.
El dueño de los perros prepara las correas,
acaricia sus cabezas.
El galgo de tres patas baja sin ayuda la escalera.
Salvador Alís.
miércoles, 21 de noviembre de 2018
viernes, 26 de octubre de 2018
EL VIAJE LENTO
EL VIAJE LENTO
Porque quiero ver mientras viva
una ola que llega y otra que nace, un árbol que pasa,
un sol que se entrega a su horizonte,
un día ya cumplido y una noche que se abre,
elijo el viaje lento.
Porque no espero ir y volver en un instante,
porque me importa el trayecto y su demora,
porque todo cuenta,
elijo el viaje lento.
Se dirá de mí que no tuve prisa,
que no temí perder el último tren, el último barco.
Ni la tierra ni el mar me olvidan,
ni tiene por qué olvidarme el cielo. Y por eso
elijo el viaje lento.
De no haber retorno posible, el destino es el viaje.
La meta final, tan lejana,
puede estar ante los ojos y no ser vista.
Uno se va de lo que ama
para mejor amar. Con la lluvia y el invierno
elijo el viaje lento.
Mi corazón me dice que viviré cien años.
Pero mi ángel de la guarda, envejecido en sus alas
de humo y de vino, me dice lo contrario.
Elijo el viaje lento.
Salvador Alís.
Porque quiero ver mientras viva
una ola que llega y otra que nace, un árbol que pasa,
un sol que se entrega a su horizonte,
un día ya cumplido y una noche que se abre,
elijo el viaje lento.
Porque no espero ir y volver en un instante,
porque me importa el trayecto y su demora,
porque todo cuenta,
elijo el viaje lento.
Se dirá de mí que no tuve prisa,
que no temí perder el último tren, el último barco.
Ni la tierra ni el mar me olvidan,
ni tiene por qué olvidarme el cielo. Y por eso
elijo el viaje lento.
De no haber retorno posible, el destino es el viaje.
La meta final, tan lejana,
puede estar ante los ojos y no ser vista.
Uno se va de lo que ama
para mejor amar. Con la lluvia y el invierno
elijo el viaje lento.
Mi corazón me dice que viviré cien años.
Pero mi ángel de la guarda, envejecido en sus alas
de humo y de vino, me dice lo contrario.
Elijo el viaje lento.
Salvador Alís.
martes, 23 de octubre de 2018
OCTUBRE
OCTUBRE
A finales de octubre aún son cálidas las noches.
No hay nubes en el cielo.
Las aguas y las lluvias se fueron a otra parte.
Y la luna brilla insistente pero suave en su halo.
Lolita bebe de su cuenco como si no hubiera un mañana.
Nube se acicala sobre la lavadora.
Sombrita duerme plácidamente en el sofá amarillo.
Muy lejos una campana suena tocada por el viento.
No hay pájaros en el aire, tal vez emigraron,
tal vez se ocultan y duermen para soñar que vuelan
en las tupidas copas de algunos árboles.
A finales de octubre aún son cálidas las noches.
Salvador Alís. Vida. Pág.: 100.
A finales de octubre aún son cálidas las noches.
No hay nubes en el cielo.
Las aguas y las lluvias se fueron a otra parte.
Y la luna brilla insistente pero suave en su halo.
Lolita bebe de su cuenco como si no hubiera un mañana.
Nube se acicala sobre la lavadora.
Sombrita duerme plácidamente en el sofá amarillo.
Muy lejos una campana suena tocada por el viento.
No hay pájaros en el aire, tal vez emigraron,
tal vez se ocultan y duermen para soñar que vuelan
en las tupidas copas de algunos árboles.
A finales de octubre aún son cálidas las noches.
Salvador Alís. Vida. Pág.: 100.
sábado, 13 de octubre de 2018
domingo, 16 de septiembre de 2018
VIVIR EN EL ERROR
VIVIR EN EL ERROR
"Sólo por nuestras historias podemos saber que nuestras historias han llegado a su fin; de lo contrario viviríamos como si aún diéramos continuidad a algo (a nuestras historias, por ejemplo), es decir, viviríamos en el error."
Imre Kertész. Liquidación. Círculo de lectores. 2004. Pág.: 36.
"Sólo por nuestras historias podemos saber que nuestras historias han llegado a su fin; de lo contrario viviríamos como si aún diéramos continuidad a algo (a nuestras historias, por ejemplo), es decir, viviríamos en el error."
Imre Kertész. Liquidación. Círculo de lectores. 2004. Pág.: 36.
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