domingo, 28 de diciembre de 2014

WAGNER / PARSIFAL

TEMA DEL DOBLE

TEMA DEL DOBLE

Mientras yo sigo durmiendo, él ya se levanta, baja
los sesenta escalones hasta la calle
y se enfrenta sin miedo al sol de la mañana.

Entre las sábanas, mi cuerpo único y mío, cálido
en esa hora temprana, al borde del final de un sueño
sin final. El viejo despertador digital aún se contiene
y no agita sus campanillas
hasta la hora señalada.

El que abandona la casa me ha robado mi chaqueta negra,
mis zapatos caros, mi reloj de pulsera. Y avanza,
como si yo mismo fuera, con mi propia determinación
y mirada, hacia una meta que yo no quiero alcanzar.

Con el índice y el corazón de la mano derecha
sujeta el último Benson & Hedges. Con la mano izquierda
acaricia la pistola que yo no he acariciado.

Se detendrá en el hueco de un portal discreto,
tras la parada de autobús que frecuento a diario.
Hablará en voz alta y no lo tomarán por loco.
Y sus ojos, que no los míos, se encenderán al ver
a la gente que pasa.

Yo lo seguiré a distancia, ignorando que mis pasos
copian sus pasos, ignorando hasta dónde
y hasta cuándo él mantendrá la ventaja.

Después de lavarme la cara, y en tanto preparo el café
y prendo mi primer Benson & Hedges,
el que se hace pasar por mí y juega al ajedrez
con el movil -que hábilmente me sustrajo en la mañana-
calculará la celada en la que espera atraparme.

Lo conozco bien, tiene mi aspecto y se disfraza de mí,
me ha robado la chaqueta oscura,
mis mejores zapatos y mi reloj suizo. Y acaricia
la pistola que yo encargué y aún no he recibido.

Creo que camina un par de kilómetros o media hora por delante.
Y el traidor acecha en un portal oscuro,
tras la parada de autobús que frecuento a diario.

Si no hoy, cualquier otro día nos veremos las caras.
A la vez dejaremos caer las colillas, empuñaremos
las pistolas reales e imaginarias, el uno sin despertar del sueño
donde el otro ya ha despertado.

Y al concluir su empeño, el que sin duda se hará pasar por mí,
ocultará su arma e intentará dormir.

Salvador Alís.



Pablo Iglesias / A propósito de las torturas en Guantánamo

viernes, 26 de diciembre de 2014

EL FELINO TUERTO

Fotografía de Salvador Alís. Francia.11-XI-2014.

Henry Purcell - The Tempest

EL TIEMPO Y EL ESPEJO

EL TIEMPO Y EL ESPEJO

En cada una de las habitaciones, un espejo. En la última casa, tras cada puerta,
en el fondo de cada armario, un espejo.
El morador que pasea insensible su dificultad de pasillo en escalera,
de tragaluz en lucernaria, de un cajón a otro cajón.
El reloj de madera del castillo de Chambord, su tenaz maquinaria.
En los espejos de las mil chimeneas donde mil fuegos.
No más de veinte años -en su cabeza. Pero cada espejo muestra una edad,
si las nubes lo permiten, si la niebla se retira y se apagan las luces,
si las constelaciones visibles y el reloj astronómico de Orly.
No se precisa más que una varilla de hierro orientada al sol.
En un espejo hablar, en otro fingir. Escenarios del reflejo de haber sido y ser.
En la última casa, sesenta escalones y otros tantos espejos, la Luna visible
y Marte al fondo de su pasaje.
En las estanterías, espejos. Semblantes de muertos que no se resignan
a morir. En los folios perdidos, cuervos y relojes.
El niño que despierta a un sueño real de espejos y de tiempo detenido
en la noche de su despertar. El felino tuerto que mira sin mirar
el espejo del agua, mientras suenan las campanillas del bosque tocadas
por los inquietos dedos de la lluvia.
Fotografías congeladas en los espejos. En su frialdad.
Se arrodilla el morador ante su espejo, a la puerta de su casa.
La casa en llamas y el ojo se retira.
Es tan lenta la tempestad y tan natural sucede. Y el reflejo del padre
sobre los escalones calla.

Salvador Alis.