viernes, 14 de agosto de 2015

FRENTE AL ESPEJO DE LA CARA OCULTA DE LA LUNA

FRENTE AL ESPEJO DE LA CARA OCULTA DE LA LUNA

     Lo peor de cumplir años no es el hecho mismo de envejecer,
lo que a la postre puede incluso resultar placentero, un merecido descanso
para los sentidos y los sentimientos; lo peor de cumplir años
no estriba solo en los insoportables deterioros de la piel,
en la pérdida de la visión cercana,
en el ir y venir de dolores sin definición; lo peor
de cumplir años no pasa por la consulta del dentista,
siendo el dentista un torturador nato,
ni pasa por las alteraciones cardiacas, el miedo infundado,
los desvelos o la manifiesta incapacidad -por agotamiento- para soñar.

     Lo peor de cumplir años consiste en la revelación de la estupidez
de algunos de nuestros sucesores,
en la vacuidad de sus pensamientos y conversaciones.
Ajenos al mundo que habitan, para muchos no cuentan ni el sol
ni las estrellas; las magnitudes de los viajes espaciales
les resultan inconcebibles;
profundizar en la historia y retroceder en el tiempo
son tareas ingratas e inasumibles; la política, la economía y la sociología,
ciencias herméticas, áridas en segunda acepción; y mejor no hablar
de la poesía, del arte o de la filosofía, conceptos tan extraños
cuando no se presentan asociados a las colas, la comida basura
o el balompié; lo peor de cumplir años es comprobar cómo,
en la deriva humana,
el más idiota congrega a su alrededor a doce apóstoles
y todos juntos avanzan en su idiotez, engreídos, vanidosos,
pagados de sí, cacareando como gallinas orgullosas de sus huevos.

     Lo peor de cumplir años es adquirir conciencia
de una indiscutible soledad
en cuanto hace referencia a la interrelación con humanos; lo mejor,
descubrir que hasta las hormigas de dos milímetros tienen conciencia,
independientemente de si estaban o no incluidas en la lista
de la Declaración de Cambridge de julio de 2012.

     Lo mejor de cumplir años, frente al espejo de la cara oculta de la luna,
es constatar que se ha vivido al revés, que ahora se paga la deuda
del crédito disfrutado en la juventud, larga juventud y espléndido crédito
que aún no se agotan y brillan de vez en cuando.

     Lo mejor de cumplir años, tal vez, sea amar sin duda los extremos,
cuestionando el escaso valor del término medio.
Y mirar a los ojos al tiburón y detener con una mano su avance.
Y decir no, en el momento adecuado, y olvidar ahora y olvidar más tarde.
Y buscar el consuelo en el semblante de aquellos
a los que todavía el tiempo no ha malogrado.

     Lo mejor de cumplir años: el recién adquirido poder
para asumir el propio destino, con desgana de oposición e indiferencia,
y la curiosa habilidad para hipnotizar a los gatos.


Salvador Alís.

    

lunes, 10 de agosto de 2015

SOL GABETTA / SOSPIRI (EDWARD ELGAR)

COLAPSO

COLAPSO

     Algo que estaba presente desde hace años,
pero que nunca se había mostrado y nunca
merecido nuestra atención,
se hace visible una noche cualquiera,
al volver a casa, en forma de grietas:
24,6 centímetros la primera;
28,5 centímetros la segunda;
la tercera no medida, mas enorme;
la cuarta y quinta sobre el tercer escalón.
     La linterna roja ilumina suelos, techos y paredes,
se desliza su luz hasta el cuarto de contadores,
asusta a la esquiva cucaracha y no inmuta
al constante desfile de las hormigas.
     Hace tanto calor y hace tanto
que el ojo no descansa, que las aspas del ventilador
no pueden mover el aire enrarecido e irrespirable
de este verano donde
la gota de agua escapa de los depósitos azules
y la puerta no se cierra y las estrellas fugaces
y las horas perdidas
y la falta de sueño y el corazón del gato
con latidos que duplican los latidos
en tu pecho, sin perdón, con burla y circunstancia,
pompa y colapso, epílogo y final.
     Desde que Lolita rige mi destino
no encuentro página en blanco que discutir;
su blancura natural incluye estratégicas manchas
negras y rubias sobre su cabeza y su cola.
Sé que Lolita vencerá al mejor y más sofisticado
detector de terremotos; sé que si la casa
ha de venirse abajo, ella hundirá sus afiladas uñas
en mi rostro y ambos volaremos
sobre el derrumbe rescatando a Sombra y Nube
y a mi amor si duerme en casa.
     Perderlo todo menos la vida. Perder los cuadros
y los dibujos, los libros, la cabeza del ángel,
la esfera de cristal negro, la caja pintada,
las pequeñas máscaras y las grandes máscaras;
perder a Sezen, el cuerno de toro, la jaula, el hacha;
perder las cien miniaturas de gato, las cien camisas,
los poemas, los diarios, los fragmentos.
¿Para qué vivir entonces?
¿Para que guardar la vida?
     Se vive solamente una vez, entre ecuaciones
sin solución puesto que el acierto y el error
no culminan en experiencia. Se vive a veces
sin miedo y, otras veces, sintiendo
que a 15 metros de altura no se duerme uno seguro
cuando en la base de los pilares
se agitan, ensanchan y crecen, pequeñas serpientes
que se alimentan con el óxido y el cemento.
     Se desploma una casa y el polvo sube y baja
y todo sigue igual. Puesto que somos polvo y epílogo
y burla y pompa y circunstancia y colapso y final.

Salvador Alís.
   
    

     
    
    


martes, 4 de agosto de 2015

LEONES DE PIEDRA



Fotografías de Salvador Alís. Lisboa. 23 de octubre de 2012.

LA MUERTE DEL LEÓN

     LA MUERTE DEL LEÓN

     Los años son cada vez más cortos; el sol está cansado;
la Tierra, alterada; la selva, avergonzada.
     Y cada año muere el penúltimo león, la penúltima posibilidad
de que el león sobreviva al desalmado asesino, al anónimo, implacable,
colectivo y gratuito cazador con rostro humano y ojos desleales.
     Pudiendo ser garantes de la vida, somos el depredador absoluto:
Saturno enloquecido devorando a sus hijos,
Crono devorándose a sí mismo, malos actores en una tragedia
cuyo decorado arde desde el primer acto.
     Cuando el último león haya muerto;
cuando el sol, cuando la Tierra, cuando la selva miren hacia otro lado;
cuando no quede león que matar ni fruto que morder
ni semilla que sembrar; cuando los enjambres de drones prefieran
no ocuparse de la miel y afilar sus aguijones; 
entonces y solo entonces,
el que ahora caza tendrá conciencia de ser
el penúltimo cazador; y verá su arma como arma sin sentido,
y sentirá el claro temblor que antecede a la desaparición.
     Lo que Esopo nos dijo, hace ya más de dos mil quinientos años,
de nada ha servido. Negados Androcles y el león de Androcles,
¿qué nos queda por hacer?
     El último cazador no será humano.  

Salvador Alís.

domingo, 2 de agosto de 2015

YOUSSOU N´DOUR / LANG

MATALEONES

     Un grandísimo hijodeputa, y conste que no me refiero a su madre sino a él mismo, dentista de dentadura arrogante y artificial, millonario a fuerza de adentrarse en bocas ajenas, ha matado -culminando su cima de crueldad y su destreza- a un león en Zimbabue, con ballesta y flechas.
     El león herido y muerto, despellejado y decapitado, espíritu, símbolo y leyenda, abrirá la boca en un rugido silencioso y atronador e impondrá justicia donde la justicia haya sido burlada y negada con gran menosprecio de la vida, la belleza y la libertad.
     Mi madre en su su tiempo, y por su educación y sentido práctico, llenaba la casa de cepos y veneno contra los ratones. Pero en cuanto a los gatos, disponía simplemente delante de la puerta botellas de plástico transparente llenas de agua, confiando en que las botellas, como espejos deformantes, repitieran la imagen de los gatos, los asustaran y se fueran.
     Walter Palmer, casa de millón y medio, fortuna de más de cinco millones, alto, serio, frecuentador de gimnasios y en forma, hurgador de caries y olfateador de fetideces bucales, depredador de animales y de mujeres, tan desprendido, tan aventurero, tan valiente que estaba dispuesto a pagar 20, 30, 40 ó 50 mil por abatir a una cabra o a un oso, se pasea por medio mundo derrochando sus dólares, arropado por pistoleros y guardaespaldas, para completar los circuitos de la muerte que, gracias a él, ahora, comenzarán a ser conocidos, como por ejemplo el denominado The Big Five (matar a los cinco grandes de África: un búfalo, un rinoceronte, un elefante, un leopardo y un león).
     Lágrimas en los ojos y furia indescriptible en el corazón. El dentista pretendía repetir la hazaña. El aparente prestigio ganado por el uso de su ballesta frente al habitual empleo de los rifles no significa nada. Para equilibrar la balanza tendría que haberse enfrentado al león solo y desnudo con un machete en las manos, y nunca apoyado por todoterrenos y tiradores de élite.
     Dicen que han puesto precio a su cabeza. Subo la apuesta. Estoy trabajando en mi mejor poema. Se titulará: "La muerte del león." Autógrafo, dedicado y firmado, será entregado a quien demuestre que le ha cortado la cabeza al cerdo dentista que invierte fortunas en la muerte.
     40 ó 50 mil dólares por arrebatarle la vida a un ser vivo que representa como ninguno la magia, la oportunidad y el milagro de la vida. Impresiona tanta ignorancia y capacidad destructiva.
     Por si alguien tiene dudas respecto a lo que quiero decir, a lo que siento, por favor lean el cuento de Rubem Fonseca titulado El cobrador. Después todo será más fácil.
     Dentistas y Reyes se creen dioses capacitados por su dinero o su fama para acabar con la vida cuando acaban con los símbolos vivos de la vida.
     Un gran león y un pequeño gato. Incluso una insignificante hormiga de dos milímetros.
     No se debe matar. No podemos matar. La muerte no es la solución.
     Todo lo que vive ha de vivir.
     El hijodeputa del dentista americano, ¿cómo transportaba sus ballestas de un continente a otro? ¿En el equipaje facturado o en el equipaje de mano? ¿O las compraba en el país de recepción?
     Odio profundamente a los dentistas. Y si a este odio le sumamos el odio a los cazadores, a los mataleones, a los cobardes, a los que prefieren a los perros frente a los gatos, a los partidarios de la represión, el orden, a los que pagan por quitar la vida...
     Mi madre mataba cerdos y pollos y conejos, sin que el pulso le temblara. Las ratas caían en la trampa. Usaba veneno verde, el canto de la mano, el cuchillo grande o el pequeño.
     Al final todo muere. La gran diferencia consiste en saber si tú me matas o yo me muero, si yo te mato y tú te mueres. El espíritu del gran león te ha marcado y jamás lo podrás olvidar.