lunes, 9 de marzo de 2015
DOS ALAS
DOS ALAS
Dos alas encerradas en el pecho,
envejecidas, ya no blancas, contaminadas.
Dos alas, dos escudos que han soportado
flechas del amor y sus bronces,
espadas tras espadas y copas tras copas,
y de toda raíz han sabido
extraer su alimento y su veneno por igual.
Dos alas negras, dos barcas en la orilla,
boca abajo sobre la arena, al atardecer.
Dos alas encerradas en la jaula
de las cuadernas -sopla el viento
y las velas no se hinchan, y el sol se pone
y al horizonte incendia. Y mis pobres alas
como flores sin aroma y deshojadas.
Dos alas encerradas en el pecho,
envejecidas, ya no blancas, contaminadas.
Dos alas, dos escudos que han soportado
flechas del amor y sus bronces,
espadas tras espadas y copas tras copas,
y de toda raíz han sabido
extraer su alimento y su veneno por igual.
Dos alas negras, dos barcas en la orilla,
boca abajo sobre la arena, al atardecer.
Dos alas encerradas en la jaula
de las cuadernas -sopla el viento
y las velas no se hinchan, y el sol se pone
y al horizonte incendia. Y mis pobres alas
como flores sin aroma y deshojadas.
Dos alas para la vida y para la muerte,
tesoro tan oculto, turbación tan escondida.
Dos alas, dos libertades consumidas,
dos banderas malogradas. Dos alas
que ya no vuelan como antes,
que ya no se precipitan ni comprenden
el necesario plan de vuelo y su valía.
Dos alas como dos universos paralelos,
estrellas y constelaciones y anhelos.
Dos alas encerradas en una pizarra negra.
Salvador Alís.
sábado, 7 de marzo de 2015
NIEBLA ROJA
NIEBLA ROJA
Al final del camino de la vida,
con la severa lección ante los ojos clara
y abierta de par en par como ventana
en mitad del pecho la fatal herida.
Bajo la niebla roja se elevará el conjuro
y más tarde en la mañana el velo
empañará la respuesta y el cielo
se abrirá en dos mitades, claro y oscuro.
Pues en el árbol siempre es donde anida
el pájaro y en el bosque la inquieta llama,
y siempre arde todo para nada,
y siempre la lección será perdida.
Al final del camino, el invisible muro
erguido se presenta para el duelo,
mas del otro lado otra vez un tiempo nuevo
comenzará sin duda aún más puro.
Salvador Alís.
Al final del camino de la vida,
con la severa lección ante los ojos clara
y abierta de par en par como ventana
en mitad del pecho la fatal herida.
Bajo la niebla roja se elevará el conjuro
y más tarde en la mañana el velo
empañará la respuesta y el cielo
se abrirá en dos mitades, claro y oscuro.
Pues en el árbol siempre es donde anida
el pájaro y en el bosque la inquieta llama,
y siempre arde todo para nada,
y siempre la lección será perdida.
Al final del camino, el invisible muro
erguido se presenta para el duelo,
mas del otro lado otra vez un tiempo nuevo
comenzará sin duda aún más puro.
Salvador Alís.
martes, 3 de marzo de 2015
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