CUALQUIER HOGUERA PRODUCE HUMO
A coincidir en semejanza se resisten algunas palabras, algunas voces,
también los cuerpos y los símbolos de esos cuerpos
se alejan y son perdidos en el incesante transcurrir,
y más tarde son halladas, escritas en otra lengua, al borde de la página
de la vida enmudecida, cuerpos y símbolos de esos cuerpos
desnudos y solos en la distancia.
Perdida la rima, el tono, el sobresalto. Perdida la música, el encanto
de yacer juntos esos cuerpos y que el tiempo se detenga.
Rara vez ella se presenta con su vestido oscuro, rara vez
con su vestido blanco. La recubre la exuberante naturaleza verde
y aparece embriagada por el vino.
En este bosque de palabras cualquier hoguera produce humo.
Las sombras de los pájaros que antes fueron pájaros
cantan en agitada confusión, extraviadas en el alto ramaje,
un lamento de voces y palabras que otro viento se lleva consigo
hasta el más allá donde anidan
los verdaderos cuerpos y las verdaderas alas.
Y sobrevolando el bosque, en un cielo encendido y esmeralda,
sin saber hacia dónde caer en picado,
la sombra del halcón traza,
en repetidos círculos, el desconcierto de su esperanza.
Salvador Alís.
martes, 9 de diciembre de 2014
ANNA AJMÁTOVA
Después de escribir mi último poema, EL GALLO DE ASCLEPIO, sentí una gran satisfacción, felicidad por la obra lograda. Dormí poco esa noche, y desperté alterado; le dije a mi compañera que en la noche me había visitado la musa. Jamás antes usé tal expresión, y yo mismo quedé extrañado. Lo que pretendía decir es que el poema me fue dictado y que, aunque breve -o por el hecho de serlo-, quedó resuelto, redondo, perfecto a mi parecer, como suele decirse: sin falta y sin exceso.
Pero hoy, pocos días más tarde, aparece casualmente ante mí Anna Ajmátova con otro poema titulado LA MUSA, y pone las cosas en su sitio.
<< Cuando aguardo su llegada por las noches,
pareciera que la vida pende de un hilo.
¿Qué son los honores, la juventud, la libertad,
ante la dulce huésped con su flauta en la mano?
Y entra, me mira fijamente
y me quita la manta.
Le digo
"¿fuiste tú quien dictó a Dante
las páginas del Infierno?"
Y responde: "Yo". >>
Anna Ajmátova (1889-1966).
domingo, 7 de diciembre de 2014
SOVENTE IL SOLE
A menudo el sol
resplandece en el cielo
más bello y gracioso
si una oscura nube
ya lo ocultó.
Y el mar tranquilo
casi sin olas
se percibe mejor
si una tempestad
antes lo turbó.
resplandece en el cielo
más bello y gracioso
si una oscura nube
ya lo ocultó.
Y el mar tranquilo
casi sin olas
se percibe mejor
si una tempestad
antes lo turbó.
EL GALLO DE ASCLEPIO
EL GALLO DE ASCLEPIO
En el trance de la muerte importan tanto las últimas palabras.
El que acompaña, escucha, pretendiendo obtener un afirmación
a su esperanza, herencia, resarcimiento.
El que habla agotando su aliento quiere dejar las cuentas claras.
"Le debemos un gallo a Asclepio." -le dijo Sócrates a Critón
cuando la cicuta ascendía hasta su corazón. "Cuida que la deuda
sea satisfecha."
¡Quién, como Sócrates, en el momento final, fuera capaz
de recordar lo debido y olvidar lo demandado!
Es mucho lo que la vida nos ha dado y muy escaso nuestro aporte.
¿Quién no ha destruido, no ha causado estragos, no ha pisado
las flores? En la balanza de nuestro horizonte
pesa más el mar que el cielo.
Salvador Alís.
En el trance de la muerte importan tanto las últimas palabras.
El que acompaña, escucha, pretendiendo obtener un afirmación
a su esperanza, herencia, resarcimiento.
El que habla agotando su aliento quiere dejar las cuentas claras.
"Le debemos un gallo a Asclepio." -le dijo Sócrates a Critón
cuando la cicuta ascendía hasta su corazón. "Cuida que la deuda
sea satisfecha."
¡Quién, como Sócrates, en el momento final, fuera capaz
de recordar lo debido y olvidar lo demandado!
Es mucho lo que la vida nos ha dado y muy escaso nuestro aporte.
¿Quién no ha destruido, no ha causado estragos, no ha pisado
las flores? En la balanza de nuestro horizonte
pesa más el mar que el cielo.
Salvador Alís.
viernes, 5 de diciembre de 2014
JOHN KEATS
Mi
alma es demasiado débil; sobre ella pesa,
como un sueño inconcluso, la espera de la muerte
y cada circunstancia u objeto es una suerte
del decreto del azar que anuncia que soy presa
de mi fin, como un águila herida mira al cielo.
Pero es un delicado murmullo este lamento
por no tener conmigo una nube, acaso un viento,
que hasta abrir su ojo el alba me dé tibio consuelo.
Estas borrosas glorias que imagina la mente
prestan al corazón un territorio escondido,
y un extraño dolor cuyo prodigio silente
mezcla la helénica grandeza con el sonido
del Tiempo ya pasado o de un mar inclemente
con solo la sombra de un ser desconocido.
como un sueño inconcluso, la espera de la muerte
y cada circunstancia u objeto es una suerte
del decreto del azar que anuncia que soy presa
de mi fin, como un águila herida mira al cielo.
Pero es un delicado murmullo este lamento
por no tener conmigo una nube, acaso un viento,
que hasta abrir su ojo el alba me dé tibio consuelo.
Estas borrosas glorias que imagina la mente
prestan al corazón un territorio escondido,
y un extraño dolor cuyo prodigio silente
mezcla la helénica grandeza con el sonido
del Tiempo ya pasado o de un mar inclemente
con solo la sombra de un ser desconocido.
John Keats (1795 - 1821).
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